CRISTIANO
Dios te guarde,
noble turco:
que de tu rey la
persona
representas, como
yo
la del mío,
para honra
del Sultán,
que en tí confía,
y del pueblo de
Mahoma.
MORO
Muy bien venido,
cristiano;
y Alhá
proteja la hora
en que pueda yo
escuchar
tus palabras
bondadosas,
y complacer tus
deseos
y los del Rey que
personas
a
satisfacción del mío
y la lealtad que
atesora
mi corazon.
¿Qué pretendes?
CRISTIANO
A escucharlo vas
ahora.
Mi Rey, que ante
todo, es siervo
del Dios, que en
los cielos mora,
dueño y
señor hoy de Burgos,
de Toledo y
Zaragoza,
de Leon, las dos
Sicilias,
de Córcega
y de Mallorca;
dueño y Rey
de las Asturias
del Océano
y sus costas;
señor de
Jerusalen
para nosotros
preciosa;
Rey de Sevilla y
Granada,
de Murcia,
Jaén y Córdoba,
Duque de
Milán excelso:
Rey de
Nápoles, la hermosa;
Rey de Navarra y
Valencia,
gran Conde de
Barcelona;
y, para no
relatarte,
molestando tu
memoria,
el
sinnúmero de títulos
y grandezas que le
adornan
te diré:
que el Rey de España
y sus posesiones
todas,
con la cual te
será fácil
el figurarte su
gloria,
por todos
reconocida
aún en
regiones remotas,
de esta
misión me ha encargado,
para mí
nada enojosa.
A este
señor de señores,
cuyo valor nadie
ignora,
honra y prez de
sus vasallos,
que dirige a la
victoria
con tal fortuna
que nunca
vencidas fueron
sus tropas,
pues le
bastó desearlo
para vencer, en
mal hora
le ha llegado la
noticia
de la sorpresa
notoria
que, por la fuerza
del número
puso al fuerte en
manos moras,
para
vergüenza del Rey
y las huestes
españolas;
e indignado de
coraje,
vistiendo la
fuerte cota,
me ordenó
que reuniese
las gentes
más belicosas
de sus huestes
aguerridas
que no conocen
derrota,
y viniese a
rescatar
esa fortaleza
heroica
y la Villa que
defiende:
la más
preciada entre todas
las poblaciones
que existen
del mar Tirreno y
sus costas.
Cumpliendo su real
mandato,
con obediencia
gustosa,
alisté mis
escuadrones,
y al són de
bélicas trompas,
forzando marchas,
llegué,
venciendo siempre
con gloria,
frente a frente de
estos muros
que pronto ocupar
me importa.
Mira esta amena
campiña:
verásla
cubierta toda
de soldados que,
ambiciosos
por borrar nuestra
deshonra,
si no son hijos de
Marte,
son alumnos de
Belona,
y deseosos se
encuentran
de terminar la
gloriosa
campaña tan
felizmente
comenzada
há pocas horas.
No esperes que yo
desista
de esta empresa
generosa,
porque, por mi
Rey, te juro
que, mientras de
sangre gota
anime a mis
soldados,
Sol, Luna,
Estrellas y Aurosa,
nos
encontrarán constantes,
empuñada la
tizona,
bien asaltando
esos muros
o en lid
sangrienta y penosa
hasta perder
nuestras vidas
o conseguir la
victoria.
Teme, pues, de
tanto Marte
cristiano, las
más fogosas
severas
resoluciones
que de sus pechos
abortan,
cual de encendidos
volcanes,
las lavas
abrasadoras,
y
entréganos esos fuertes
y esa gran Villa
abandona,
sujetando tu
arrogancia
a la bravura
española,
que yo, por no ver
cubiertas
de sangre esas
peñas toscas,
vengo a
rogártelo, Turco,
de manera generosa,
cuando el triunfo
es indudable,
si a la lucha me
provocas.
Y si nó,
verás en breve
cual mis gentes
están prontas
y hábiles
para el asalto
y lucha más
desastrosa;
y al terminar la
jornada,
para nosotros
gloriosa;
vencidos ya tus ejércitos
y tus medias lunas
rotas,
te
encontrarás humillado:
sin fortaleza, sin
honra,
sin riquezas ni
tesoros,
o sin la vida que
gozas.
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Pero si, cuerdo,
resuelves
una retirada
honrosa,
hallarás en
mí piedad
de Cristiano
fervorosa:
permitiré
del Castillo
la
guarnición numerosa
que merece tu
persona;
y te
ofreceré regalos
de riqueza
asombradora,
que conjuren los
pesares
de la Sultana
Señora.
Yo te prometo,
también,
el daros segura
escolta
en tanto que en
breve término,
dejéis, la
tierra española.
Pero, si de nuevo
irritas
con algaradas
traidoras
el valor de mis
soldados,
o imprudente
ocasionas,
desnudo esta
limpia espada,
siempre noble y
vencedora,
verás
menguantes tus lunas,
tu airada cerviz
de alfombra,
tus turbantes
esparcidos
con tus jaiques y
marlotas,
formando en
conjunto un prado
de segadas
amapolas:
y en fin,
probarás las leyes,
de la guerra,
harto imperiosas.
Paz o guerra te
aperciben
mis banderas
victoriosas.
Resuélvete,
Moro, al punto ....
¡Guerra a
paz! ¿Qué te acomoda?
MORO
Vive Alhá,
Cristiano necio,
que a tu arrogante
osadia
solamente yo debia
contestarte con el
desprecio.
Mas ya que gozas
un fuero
que te concede la
ley,
mi respuesta oye
primero
y después
dila a tu Rey:
Con la sangre de
mis bravos
pude ganar este
fuerte
que por mi
pésima suerte
defendían
tus esclavos.
Los
intrépidos guerreros
que murieron aquel
día,
yacen en la tumba
fria
que labraron tus
aceros.
Abatidas y de
hinojos,
mil africanas
hermosas
riegan las
fúnebres losas
con el llanto de
sus ojos.
Cuando tú
me vuelvas, pues,
a los nobles
africanos
que pusieron los
cristianos
bajo
fúnebre ciprés.
Y los hijos
restituyas
a las madres
afligidas .....
esta torre y
cuanto pidas,
hijo de Cristo,
son tuyas.
CRISTIANO
Moro: de todas
maneras,
sin cumplir tus
condiciones,
en aquestos
torreones
he de plantas mis
banderas.
Y tus ricas
africanas,
si impasible te
conservas,
han de ser
humildes siervas
de mis
míseras cristianas.
Contemple, pues,
tu sultán
que, si hoy mismo
no se allana,
cenizas
serán mañana
las leyes del
Alcorán.
No consientas,
Turco, pues,
ver morir a tus
guerreros
al filo de mis
aceros,
por el mezquino
interés
de conservar sin
provecho
ese castillo y,
sagaz
admite la honrosa
paz
que te brindo ....
MORO
La desecho.
Los moros tu paz
desprecian.
Luchar, luchar
solo quieren.
Los que de turcos
se precian,
si matan,
contentos mueren.
CRISTIANO
Pues entones, el
castigo
del Dios Santo, a
quien irritas,
caiga, sobre
tí, y, contigo,
sobre tus gentes
malditas.
¡Y
tú, Marta bondadosa,
que desde esas
altas nubes,
rodeada de
querubes,
nos contemplas
afanosa!
¿Tú,
que las puertas abriste
a Jesús,
Nuestro Señor,
y con maternal amor
cama y cena le
cediste!
¡Tú
que siempre afectuosa
nuestros duelos
ves prolijos ...
¡intercede
por tus hijos!
Protege a
Villajoyosa!
¡Al arma
tocad, valientes!
Y a batir al
enemigo;
¡Dios quede,
Moro, contigo!
¡Pues entrar
en lid consientes! ...
MORO
Pues lo quieres,
español,
derribada vuestra
cruz,
hable ahora el
arcabuz,
y mi alfanje
brille al sol.
¡¡Guerra,
guerra mahometanos !!
Desenvainad las
espadas,
dejad, al fin,
humilladas
las cruces de los
cristianos.
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